domingo, 11 de septiembre de 2011
Los huasos del Garretón
La dominguera salida en bicicleta me llevó hace unos días a la cordillera del Melón por el Garretón. Hermoso paraje que combina una vegetación típica de zona árida, en las laderas que miran al norte; con un tupido bosque esclerófilo en las laderas orientadas al sur. Serpentea valle abajo un menguado estero que en otros momentos y en otras épocas ha mostrado una bravura excepcional. En la medida que nos adentramos por el camino principal hacen su aparición rocas jaspeadas (andesitas que dan cuenta que el sector está conectado geológicamente con la Cordillera de los Andes), numerosas aves y hasta un tímido zorro que no alcanzó a escuchar el andar de la bici.
En ese bucólico paisaje y en medio de bosques de peumos, boldos y bellotos hizo su aparición un grupo huasos locales que, lazo en mano, iban tras un potro. En verdad la escena no es nueva. Situaciones así son muy habituales en muchos sectores aledaños a nuestras ciudades. Sin embargo, aquel día no pude dejar de recordar una vieja historia.
Nazario Tapia era un huaso como los de hoy, pero en 1819 no eran los novillos y los potros del monte su preocupación. Según Vicuña Mackena “los huasos de Purutún, del Melón i Pucalán eran la flor de los godos del corregimiento de Quillota”. Eso quiere decir que, aún cuando desde 1818 ya estaba declarada y, después de la batalla de Maipú, virtualmente asegurada la Independencia nacional, seguían existiendo grupos o ‘montoneras’ que defendían al rey español. Y entre ellos estaba don Nazario.
Los espías informaban al gobernador de Quillota que en el fondo de los bosques del Melón un tal Nazario Tapia daba refugio al jefe de las últimas montoneras que sobrevivían en la zona. Veinte cazadores a caballo se hicieron presentes en su rancho. Pero el huaso Tapia era hombre duro y no delató ni entregó a nadie. Quiso la fortuna que pudiera sobrevivir a su fusilamiento amparado por la oscuridad del bosque y el desorden de la escena. Resultó ser que el tan buscado jefe era también Tapia, hermano menor del primero. Finalmente el mismo gobernador Diego Guzmán perdonó la vida a ambos. Por varias generaciones los huasos del lugar contaron que “no ha habido en estas serranías hombre ni más guapo ni salteador mas caballero que el “fusilado” Tapia”.
Vayan estás líneas como pequeño homenaje a los todos huasos de Chile y en particular a los del Garretón, que como antes, deben ahora enfrentarse a un proyecto minero que no sólo amenaza su flora y su fauna, sino también, a su propia historia.
En ese bucólico paisaje y en medio de bosques de peumos, boldos y bellotos hizo su aparición un grupo huasos locales que, lazo en mano, iban tras un potro. En verdad la escena no es nueva. Situaciones así son muy habituales en muchos sectores aledaños a nuestras ciudades. Sin embargo, aquel día no pude dejar de recordar una vieja historia.
Nazario Tapia era un huaso como los de hoy, pero en 1819 no eran los novillos y los potros del monte su preocupación. Según Vicuña Mackena “los huasos de Purutún, del Melón i Pucalán eran la flor de los godos del corregimiento de Quillota”. Eso quiere decir que, aún cuando desde 1818 ya estaba declarada y, después de la batalla de Maipú, virtualmente asegurada la Independencia nacional, seguían existiendo grupos o ‘montoneras’ que defendían al rey español. Y entre ellos estaba don Nazario.
Los espías informaban al gobernador de Quillota que en el fondo de los bosques del Melón un tal Nazario Tapia daba refugio al jefe de las últimas montoneras que sobrevivían en la zona. Veinte cazadores a caballo se hicieron presentes en su rancho. Pero el huaso Tapia era hombre duro y no delató ni entregó a nadie. Quiso la fortuna que pudiera sobrevivir a su fusilamiento amparado por la oscuridad del bosque y el desorden de la escena. Resultó ser que el tan buscado jefe era también Tapia, hermano menor del primero. Finalmente el mismo gobernador Diego Guzmán perdonó la vida a ambos. Por varias generaciones los huasos del lugar contaron que “no ha habido en estas serranías hombre ni más guapo ni salteador mas caballero que el “fusilado” Tapia”.
Vayan estás líneas como pequeño homenaje a los todos huasos de Chile y en particular a los del Garretón, que como antes, deben ahora enfrentarse a un proyecto minero que no sólo amenaza su flora y su fauna, sino también, a su propia historia.
sábado, 3 de septiembre de 2011
El avión de la tragedia
Por ahí algunos canales de TV, para variar, han dado jugo mostrando fotos de aviones que jamás han sido Casa 212. Este es uno de ellos, originalmente son españoles.
jueves, 1 de septiembre de 2011
Algunos chistes para matizar y subir el ánimo
1. Dos amigos en una zapatería...
-Oye, por qué le estás hablando a esa zapatilla?
-Porque la caja dice CONVERSE...
2. dos pollitos entran en un restauran , y uno le dice pio , el otro contesta pie nomas...
3. Juanito en clases:
- Juanito, digame: si ayer hubo 25 alumnos en clase y hoy hay solo 20, ¿cuantos mas había ayer?
- No se profesora, yo ayer no vine
4. Iban dos sacerdotes en auto por el centro de Santiago:
- Vamos por Monjitas?
- Yapo, yo voy por el copete
5. Estaban 3 Gallegos, y comienza la conversación.
Gallego 1: Yo tengo un Perro que dice "GUAU".
Gallego 2: Yo tengo un Gato que dice "MIAU".
Gallego 3: Yo tengo un Tarro que dice "AZÚCAR".
6. - ¿Desde cuando tiene usted la obsesión de que es un perro?
- Desde cachorro, doctor.
7. - Has visto el muro de Berlin?
- No, no tengo a Berlin en Facebook
-Oye, por qué le estás hablando a esa zapatilla?
-Porque la caja dice CONVERSE...
2. dos pollitos entran en un restauran , y uno le dice pio , el otro contesta pie nomas...
3. Juanito en clases:
- Juanito, digame: si ayer hubo 25 alumnos en clase y hoy hay solo 20, ¿cuantos mas había ayer?
- No se profesora, yo ayer no vine
4. Iban dos sacerdotes en auto por el centro de Santiago:
- Vamos por Monjitas?
- Yapo, yo voy por el copete
5. Estaban 3 Gallegos, y comienza la conversación.
Gallego 1: Yo tengo un Perro que dice "GUAU".
Gallego 2: Yo tengo un Gato que dice "MIAU".
Gallego 3: Yo tengo un Tarro que dice "AZÚCAR".
6. - ¿Desde cuando tiene usted la obsesión de que es un perro?
- Desde cachorro, doctor.
7. - Has visto el muro de Berlin?
- No, no tengo a Berlin en Facebook
martes, 30 de agosto de 2011
Columna de Teresa Marinovic
Una columna interesante proveniente de una licenciada en filosofía que no tiene miedo a ser funada por los estudiantes.
Estudiantes:
Tomen asiento y escuchen
No tienen derecho a voto.
No pueden celebrar un contrato.
No son jurídicamente responsables de lo que hacen. Son menores de edad. Menores que pueden hacer rodar la cabeza de un ministro, sugerir cambios a la Constitución y proponer ideas como que los dirigentes vecinales se hagan cargo del Gobierno.
Son los secundarios.
No han terminado sus carreras; las congelaron para dedicar su tiempo de estudio al activismo político.
No son alumnos de excelencia.
No tienen experiencia y mucho menos ciencia en materia de educación, pero la exigen gratuita y de calidad.
No saben de economía pero quieren nacionalizar el cobre y tienen certezas al momento de explicar cómo se financia lo que piden.
Son los universitarios.
No son interlocutores válidos. O al menos no lo son para nada que trascienda el ámbito del diagnóstico, porque detectar un problema no es lo mismo que poder darle solución.
Cordialmente se les agradece, por tanto, la contribución que han hecho al debate. Si no fuera por ellos, el tema de la educación no estaría en el primer lugar de la agenda. Y si no fuera por ellos, los políticos no le habrían dado prioridad al asunto.
Se les agradece su aporte, pero se les invita a tomar palco para oír ahora a los que algo saben de la materia (Waissbluth podría ser uno de ellos, por ejemplo).
Porque si los estudiantes insisten en querer ser protagonistas de la noticia, harán evidente que en Chile la educación no alcanza ni siquiera el primero de sus objetivos: el de hacer consciente al que la recibe de todo lo que ignora. Y si se obstinan en ser ellos los que ponen los términos del debate, será imposible salir de la falsa dicotomía en la que han planteado la discusión.
Porque la cuestión no se decide; como creen ellos, entre lo público y lo privado. Y no se decide porque ni lo uno ni lo otro asegura la calidad.
La UTEM es una universidad pública y la Miguel de Cervantes, una privada. Ninguna de las dos, creo, lidera el ranking de la excelencia.
La Chile y la Católica, en cambio, ocupan los primeros puestos en ese escalafón y no pertenecen a la misma categoría.
¿Sobre la base de qué evidencia fáctica los estudiantes insisten en asociar lo público a lo de calidad? Sobre la base de un prejuicio antiguo, refutado por la historia y por los datos. El Estado, sea que se piense en el modelo cubano o en el europeo, no ofrece las bondades que la izquierda le atribuye, porque o lo hace abiertamente mal o parece que lo hace bien pero de una forma que es insustentable. No es claro entonces que todo el esfuerzo fiscal deba orientarse a lo público, como no es claro que la formación de ciudadanos esté mejor garantizada ahí que en instituciones de índole privada.
O quizás ¡y solo quizás! lo que han querido decir es que la mejor educación no es nunca la que tiene fines de lucro. Pero si han querido decirlo, no han sido capaces de saber cómo y mucho menos de explicar por qué.
La educación universitaria, es cierto, no puede ser de primera calidad si lo que la mueve es el lucro. Y esto por una razón muy simple: porque si es excelente, es un pésimo negocio. Tener profesores de jornada completa y tenerlos más de la mitad de su tiempo estudiando en una biblioteca para escribir unos papeles que nadie paga y pocos leen, definitivamente no es rentable. No es rentable, pero es requisito sine qua non de una educación universitaria de calidad. De ahí que las mejores universidades sean siempre aquellas que se inspiran en principios que trascienden el lucro. Y este tema, insisto, atraviesa tanto lo público como lo privado.
Que la mejor educación no sea la que tiene fines de lucro no significa, en todo caso, que erradicar el lucro de la educación sea una buena idea. Las universidades privadas han contribuido también a la movilidad social, porque en materia de educación es mejor algo que nada. Y esa es ya una razón suficiente como para promoverlas.
Erradicar el lucro no es la solución. Trasparentarlo sí. Solo de esa forma las instituciones que lo tengan como fin estarán obligadas a exhibir si no excelentes resultados, al menos aceptables. Y si bien se les permitirá hacer de la educación un negocio, se impedirá que hagan de ella un negociado.
Las categorías de público-privado no resuelven el problema de la educación. De la misma forma que la gratuidad tampoco consigue la equidad. Porque lo que mantiene la brecha entre ricos y pobres no es la PSU ni los aranceles de las universidades, sino el abismo que hay entre unos y otros a los 18 años, abismo que a esas alturas ya es insalvable.
Que los estudiantes guarden silencio y que los expertos, por favor, tomen la palabra, porque se trata de un tema de interés.
Estudiantes:
Tomen asiento y escuchen
No tienen derecho a voto.
No pueden celebrar un contrato.
No son jurídicamente responsables de lo que hacen. Son menores de edad. Menores que pueden hacer rodar la cabeza de un ministro, sugerir cambios a la Constitución y proponer ideas como que los dirigentes vecinales se hagan cargo del Gobierno.
Son los secundarios.
No han terminado sus carreras; las congelaron para dedicar su tiempo de estudio al activismo político.
No son alumnos de excelencia.
No tienen experiencia y mucho menos ciencia en materia de educación, pero la exigen gratuita y de calidad.
No saben de economía pero quieren nacionalizar el cobre y tienen certezas al momento de explicar cómo se financia lo que piden.
Son los universitarios.
No son interlocutores válidos. O al menos no lo son para nada que trascienda el ámbito del diagnóstico, porque detectar un problema no es lo mismo que poder darle solución.
Cordialmente se les agradece, por tanto, la contribución que han hecho al debate. Si no fuera por ellos, el tema de la educación no estaría en el primer lugar de la agenda. Y si no fuera por ellos, los políticos no le habrían dado prioridad al asunto.
Se les agradece su aporte, pero se les invita a tomar palco para oír ahora a los que algo saben de la materia (Waissbluth podría ser uno de ellos, por ejemplo).
Porque si los estudiantes insisten en querer ser protagonistas de la noticia, harán evidente que en Chile la educación no alcanza ni siquiera el primero de sus objetivos: el de hacer consciente al que la recibe de todo lo que ignora. Y si se obstinan en ser ellos los que ponen los términos del debate, será imposible salir de la falsa dicotomía en la que han planteado la discusión.
Porque la cuestión no se decide; como creen ellos, entre lo público y lo privado. Y no se decide porque ni lo uno ni lo otro asegura la calidad.
La UTEM es una universidad pública y la Miguel de Cervantes, una privada. Ninguna de las dos, creo, lidera el ranking de la excelencia.
La Chile y la Católica, en cambio, ocupan los primeros puestos en ese escalafón y no pertenecen a la misma categoría.
¿Sobre la base de qué evidencia fáctica los estudiantes insisten en asociar lo público a lo de calidad? Sobre la base de un prejuicio antiguo, refutado por la historia y por los datos. El Estado, sea que se piense en el modelo cubano o en el europeo, no ofrece las bondades que la izquierda le atribuye, porque o lo hace abiertamente mal o parece que lo hace bien pero de una forma que es insustentable. No es claro entonces que todo el esfuerzo fiscal deba orientarse a lo público, como no es claro que la formación de ciudadanos esté mejor garantizada ahí que en instituciones de índole privada.
O quizás ¡y solo quizás! lo que han querido decir es que la mejor educación no es nunca la que tiene fines de lucro. Pero si han querido decirlo, no han sido capaces de saber cómo y mucho menos de explicar por qué.
La educación universitaria, es cierto, no puede ser de primera calidad si lo que la mueve es el lucro. Y esto por una razón muy simple: porque si es excelente, es un pésimo negocio. Tener profesores de jornada completa y tenerlos más de la mitad de su tiempo estudiando en una biblioteca para escribir unos papeles que nadie paga y pocos leen, definitivamente no es rentable. No es rentable, pero es requisito sine qua non de una educación universitaria de calidad. De ahí que las mejores universidades sean siempre aquellas que se inspiran en principios que trascienden el lucro. Y este tema, insisto, atraviesa tanto lo público como lo privado.
Que la mejor educación no sea la que tiene fines de lucro no significa, en todo caso, que erradicar el lucro de la educación sea una buena idea. Las universidades privadas han contribuido también a la movilidad social, porque en materia de educación es mejor algo que nada. Y esa es ya una razón suficiente como para promoverlas.
Erradicar el lucro no es la solución. Trasparentarlo sí. Solo de esa forma las instituciones que lo tengan como fin estarán obligadas a exhibir si no excelentes resultados, al menos aceptables. Y si bien se les permitirá hacer de la educación un negocio, se impedirá que hagan de ella un negociado.
Las categorías de público-privado no resuelven el problema de la educación. De la misma forma que la gratuidad tampoco consigue la equidad. Porque lo que mantiene la brecha entre ricos y pobres no es la PSU ni los aranceles de las universidades, sino el abismo que hay entre unos y otros a los 18 años, abismo que a esas alturas ya es insalvable.
Que los estudiantes guarden silencio y que los expertos, por favor, tomen la palabra, porque se trata de un tema de interés.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)







